
Igual de sonriente que siempre, enfundado en la casaca blanca de Corinthians con su dorsal 6 a la espalda, feliz como es él, en definitiva, Roberto Carlos volvió a sentirse futbolista en la tierra que le vio explotar unas condiciones únicas y difícilmente repetibles para un lateral izquierdo. El ex madridista debutó con su nuevo equipo en el Campeonato Paulista, la competición regional de más calado de entre todas las que se juegan antes de que se inicie el Brasileirao, la liga global del país.
Con su estreno, de paso, propició un reencuentro de astros, una conexión galáctica con su amigo y compañero Ronaldo, con el que a partir de ahora compartirá el vestuario de los timaos. Será lejos de los focos de las mejores ligas y competiciones de Europa, como sucedía hasta hace pocos años. Desde el 20 de diciembre de 2006 no actuaban juntos en un mismo equipo, en concreto jugando con el Madrid frente al Recreativo en el Bernabéu (0-3). Un oasis de 1.128 días sin repetir la simpática imagen en la que el delantero besa la calva cabeza del lateral.






